El Cuento de Fitipaldi



Paco, veterano vecino de Parquelagos, circulaba por la Avenida Normandía en dirección a Torrelodones. Al aproximarse al primero de los dos lomos colocados en esa avenida aminoró la marcha para evitar el desagradable rebote que produce el pasar por encima de los lomos si uno va deprisa, es decir, infringiendo el límite de velocidad. En esto que vio a su amigo Mariano parado en la acera delante del lomo que hay en la esquina con la Avda. Toscana. Paco detuvo su coche, se bajó y se dirigió su amigo

-- Hola Mariano, ¿qué haces solo por estos parajes?

-- Pues observando hasta adonde llega la falta de civismo de algunos – dijo Mariano.

--¿a que te refieres? – preguntó Paco intrigado

-- Mira este lomo y dime que observas – dijo Mariano.

Paco, que hasta entonces no se había fijado, observó con indignación que alguien había quitado con alguna palanca dos piezas de lomo en cada lado de la avenida con el indiscutible propósito de circular por ella a bastante mas velocidad que la permitida.


-- Pues que algún gamberro, por no llamarle otra cosa – dijo Paco -- ha venido a media noche y a escondida, consciente de que estaba actuando mal, ha quitado esas piezas para poder bajar a toda leche……

-- Exactamente – dijo Mariano – pero yo creo saber de quien se trata. Tu sabes que yo suelo pasear por esta avenida, pues bien, mas de una vez he visto a un emulo de Fitipaldi bajando a toda leche, cargándose los amortiguadores de los botes que pegaba al pisar el lomo porque el muy tarugo no aminoraba la marcha que, por supuesto, estaba muy por encima de los 40 km/hora permitidos.

-- Lo malo es que, una vez que la gente sabe que faltan esas piezas – dijo Paco – pues tienden a bajar mas deprisa sabiendo que no van a pegar el clásico bote al pisar el lomo.

-- Cierto – dijo Mariano con gesto de desolación – y ¿qué pasa?, pues que al final, ese lomo que se puso ahí para disuadir a los conductores que tienden a pasarse las señales de tráfico por el arco del triunfo, ahora no sirve para nada. En fin, que es lamentable!.

--Pues si que es lamentable, Mariano – añadió Paco – pero ya se sabe que en todo colectivo de vecinos, los hay que ponen de su parte para que todo funciones y así como entre los garbanzos los hay negros, entre los vecinos los hay que van a contracorriente, empeñados en que nada funcione, como si ellos no formasen parte del colectivo. Bueno Mariano, te dejo porque voy a Torres a tomar un tren para Madrid. ¿Vienes esta tarde a casa a tomar unas copas?

--Encantado Paco. Estaré en tu casa sobre las 8 ¿te parece?

-- Me parece. Buenos días Mariano.

-- Buenos días Paco.


COLORIN COLORADO, ESTE CUENTO – QUE NO LO ES -- SE HA ACABADO


El Parqueólogo
Septiembre 2009

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